martes, 24 de febrero de 2009

Tokyo - Shinjuku

Como la previsión del tiempo anunciaba mal tiempo para el lunes y algo mejor para el martes, decidí cambiar el día de Kamakura y dedicar el lunes a visitar el barrio de Shinjuku.

No madrugué mucho ya que tenía que dejar pasar la hora punta del transporte de Tokyo. La línea JR Yamanote que es la que estoy utilizando hasta ahora, por seguir aprovechando el pase, tiene vagones en los que, hasta las 10 de la mañana, sus asientos se pliegan para que todo el mundo vaya de pie y quepan, por lo tanto, más personas.

La estación de Shinjuku es el gran hub de las comunicaciones férreas de la ciudad (convergen 3 compañías de tren y 2 de metro). De hecho, es la estación en todo el mundo con más movimiento de viajeros por día; pasan por ella, agarraos que vienen curvas, más de 3 millones de personas, repito, 3 millones por día!! El recinto de la estación cuenta con sus tres o cuatro centros comerciales y una estación de autobuses. Ojo! donde quedais con los amigos pues se puede elegir entre unas 200 salidas (50 propiamente de la estación y el resto de arcadas y calles peatonales de acceso).

Fui directamente, bueno paré a desayunar, a las torres del Gobierno Metropolitano de Tokyo que es donde está la oficina principal de turismo (todavía no había ido). Me atendieron más que bien, se desvivieron en darme toda la información que les solicitaba. Así que ya sabeis si venis por Tokyo totalmente aconsejable pasarse por aquí. Ya que estaba en el edificio subí hasta el piso 45 donde tienen un observatorio con vistas a toda la ciudad. En días claros pueden llegar a ver el monte Fuji. No me fue mi caso, os ofrezco una maravillosa foto de las vistas del lunes.
Shinjuku es un barrio de oficinas y hoteles (rascacielos principalmente) y de entretenimiento y compras (hay también lo que llaman una calle eléctrica o lo que es lo mismo tiendas de cámaras, televisores, videojuegos, etc.) Poco más hay que ver, en el sentido turístico del término, bueno sí el parque Shinjuku Gyoen pero como era lunes estaba cerrado.

Así que no tuve más remedio que pasearme y cobijarme el resto del día de tienda en tienda. Muji, por ejemplo, tiene mucha más oferta aquí que lo que ofrecen en Barcelona (incluso venden electrodomésticos y tienen servicio de restauración y de take-away). Kinokuniya es una librería que ofrece miles de referencias (estoy mirando de comprar algún que otro libro más de aprendizaje de japonés, ahora me ha vuelto el gusanillo) y claro Zara. Por cierto, además de Zara también me estoy encontrando con bastantes tiendas de Adolfo Dominguez y Camper.

Kabukicho es por la noche una de las zonas de Shinjuku con más movimiento. Se puede encontrar cines, boleras y karaokes. Además es un barrio rojo (bares de compañía, love hotels, etc) donde la yakuza (mafia japonesa) tiene sus negocios.


Agotado y peladito de frío regresé a la pensión para coger fuerzas que había que visitar Kamakura el martes.

アルベルト

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lunes, 23 de febrero de 2009

Nikko

El domingo tocó la visita de Nikko. Había que aprovechar porque aunque hacía bastante frío el día era despejado y, por los pronósticos de los próximos dias, era todo un lujo de día. Y claro, un patrimonio de la humanidad bien merece un día soleado ¿no?

Se tarda bastante en llegar a Nikko, unas dos horas, más y cuando se utiliza la línea JR (Japan Railway). Tengo, claro, que sacarle todo el provecho posible a la inversión además se me acaba en dos días. La mejor opción para llegar es utilizando la línea de los ferrocarriles Tobu que van directos desde Tokyo sin hacer transbordo.

Me planté en la ciudad sobre las 11 de la mañana y tras un paseito de media hora previa parada en la oficina de turismo, llegué al reciento de templos. Compré el pase que da derecho a verlos todos. La arquitectura es la más rica o recargada (según se mire) de todos los templos que he visitado hasta ahora. El más famoso de los shogunes de la época, Tokugawa Ieyasu tiene en el templo Toshogu su tumba, y es donde además se pueden observar las famosas esculturas en madera de los tres monos sabios y del gato dormido.
Tardé cerca de cuatro horas en visitar todo el recinto. Cierto es que sin un guía que te lo explique normalmente todo se ve mucho más rápido pero, en esta ocasión, la vista se detenía en infinidad de detalles escultóricos y paisajísticos.

El día no tuvo mucha más historia. Regresé por la tarde a Tokyo y acabé haciendo la colada y demás menesteres.

Para darle un poco más de contenido a la entrada de hoy os incluyo el típico video de cruce de calle a la japonesa (pasos de peatones en paralelo y en diagonal).



アルベルト

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Yokohama

El sábado hizo un día claro y de sol, ¡por fin! Cogí el tren y me dirigí a Yokohama.

La ciudad, la segunda en población del país, es famosa por su puerto, por su barrio chino, por tener la edificación más alta del país y por su equipo de beisbol el Yokohama Baystars.

Tras desayunar en la estación de tren (lo que viene siendo habitual: un sandwich y un café americano) y preguntar en la oficina de turismo, empezó el periplo a pie de más o menos 25 kilómetros que me llevó a recorrer sus calles. Comencé por Bay Square que es un barrio con su centro comercial y sus torres de viviendas de lujo tipo las que hay en Diagonal Mar.

El puerto de Yokohama celebra este año los 150 años de sus construcción y están remodelando determinadas zonas y edificios para celebrarlo. La terminal de cruceros es muy moderna y agradable de visitar. Su techo hace las veces de mirador a toda la bahía y el puerto (también tiene cierto parecido al Maremagnum de Barcelona).

Sin lugar a dudas, la parte con más vidilla es Chinatown. Está repleta, sobretodo, de restaurantes y tiendas de souvenirs. En la anterior ocasión tuve la suerte de que me invitaran a una comida tipo degustación, esta vez el presupuesto era más modesto pero la comida estuvo igual de bien y con su puntito picante (y eso que escogí un plato de nivel dos de los cinco de picante que podía tener). El barrio tiene su templo chino, el Kanteibyo en el que, a diferencia de los japoneses que he estado viendo hasta ahora, abunda la decoración con colores chillones y llamativos.

Después de pasearme por el resto de lugares a visitar de Yokohama, regresé al barrio de Minato Mirai 21 donde se ubica la torre Landmark o lo que es lo mismo un edificio de 296 metros (el más alto de Japón). Otra vez me armé de valor y, al comprobar que el ascensor era interior, subí hasta el piso 69 (273m) para "disfrutar" de las vistas. Esta vez lo viví mejor, supongo que la sensación de seguridad era otra y pude disfrutar de la visita y vistas de manera relajada.

Antes de regresar a Tokyo pasé sus buenas dos horitas en Yodobashi. Es una red de tiendas de electrodomésticos, cámaras, ordenadores, maletas, etc. que se encuentra en buena parte de las grandes ciudades de Japón. Era como estar en un parque de atracciones, iba de pasillo en pasillo con cara de felicidad viendo los productos de última generación o que simplemente tenen un diseño o funcionalidades que no vemos en Europa. Por cierto, al entrar me paró una chica de un stand ofreciéndome una publicidad. La cogí y me indicó que abriera el recortable para ver si me había tocado un premio y, efectivamente, sí... me tocó. Me acababan de regalar dos fantásticos bolígrafos de.... ¡¡AMERICAN EXPRESS!!! Je, je , no podía dejar de reir! Le indiqué que ya tenía la tarjeta pero emitida en España y le agradecí mucho el regalito continuando con la visita.


アルベルト

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Himeji

Himeji, a mi parecer, sólo tiene destacable su castillo que es el mejor de todos los que he visto durante el viaje. Te hace revivir la época de samurais por su estado y forma de conservación, tanto es así que la película El Último Samurai se rodó, en parte, aquí. La edificación es de madera pero tiene unas bases de piedra de, yo diría, unos veinte metros de altura, vamos que a los japoneses esto de construir en altura les viene de lejos. A diferencia de los otros que ví, éste tiene pocos paneles explicativos y se visita más su estructura. Naturalmente, la fortaleza es... patrimonio de la humanidad.

Adelanté un poco más la hora de salida para Tokyo y así llegar a la macro-urbe con, al menos, una hora de luz.

Nada más llegar me fui hacia el hotel, Aizuya-Inn. Es una especie de youth hostel que me permite pagar muy poco dinero por dormir en Tokyo y que poco tiene que ver con el resto de alojamientos que he ido disfrutando durante el viaje. Imaginad, mi habitación es el espacio dedicado al futón y una mesita donde va la tele, nada más. Claustrofóbico no es la palabra pero... se acercaría bastante.

Antes de sumergirme de nuevo en los barrios de Tokyo y aprovechando que el Japan Rail Pass no caduca hasta el martes, voy a visitar primero sus cercanías. Siguiente parada: Yokohama

アルベルト

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Beppu

El miércoles por la noche llegué al punto más al sur de mi viaje, Beppu. Es una ciudad pequeña y famosa por sus aguas termales y sulfurosas. Se encuentra en una zona de origen volcánico (está rodeada por tres volcanes) y eso hace que tenga numerosos jigokus (lugares termales que en japonés vienen a decir algo así como el infierno ardiendo).

En el ryokan donde me alojé tenía la posibilidad de escoger tres diferentes tipos de onsen y todos de agua termal. Esa noche hice caso a la recomendación del recepcionista y fui a cenar a un bar cercano, el Kiippon. Me recomendó que tomara momokara que no es más que una pata de pollo a la brasa (estaba buena pero no tenía nada de especial). Después de terminar mi cerveza Sapporo y de contestar educadamente y con mucha paciencia al japonés que tenía al lado que quería practicar, a toda costa, su inglés básico-básico, regresé al ryokan pues había reservado hora para el baño.

El día siguiente fue un asquito. Todo el santo día lloviendo. Compré un pase para los autobuses de la localidad y me dirigí a ver los principales jigokus de la zona. Por cierto, el conductor de mi autobús era especialmente ceremonioso:


El ticket de entrada combinada me dió acceso a ver:

Umi-Jigoku (famoso por su estanque azul)

Oniishibozu-Jigoku (por su burbujas grises)

Yama-jigoku (por la nube de vapor que emerge de la base de la montaña)

Kamado-jigoku (por el agua a muy alta temperatura y por su pequeño zoo)

Oniyama-jingoku (por la fuerza de su vapor que utilizan para cocinar)

Shiraike-jigoku (por su estanque azul)

Chinoike-jigoku (por su estanque rojo)

Tatsumaki-jigoku (por su geiser)

Entre tanto geiser, aguas calientes, etc y como el día lo permitía tomé unos baños en el onsen Hyotan que, entre otros, te ofrecía la posibilidad de tomar un "baño" de arena caliente (podías elegir incluso el nivel de intensidad del calor).

Comí en un bar-restaurante local en el que al no haber nadie más fui la atracción del día. Lo regentaban tres hermanas y les ayudaba el hijo de una de ellas. La cosa prometía cuando al quitarme la cazadora una de ellas se fijó en mi esbelta figura y puso su mano en mi barriguita como diciendo... qué bien que te alimentas chato!. Después de ver que podían tener una mínima conversación conmigo comenzaron a preguntarme de todo: que qué hacía en japón, que si estaba casado, qué lugares había visitado, etc. Pedí chanpon, la especialidad de la casa, y seguimos hablando un poquito más... que cuánto me había costado el viaje, bla, bla, bla. En fin, que me hicieron reir un ratito. Aquí teneis la foto de las susodichas. Una de ellas, la segunda por la derecha, se fue a pintar los labios para salir guapa en la foto!!

La tarde la dediqué a ir a ver a nuestros amigos los monos en la cercana población de Oita. En el parque del monte Takasaki alimentan una población de miles de monos que tienen como hábitat la montaña. Ya se han acostumbrado y, durante el día y por manadas/famílias, bajan al campamento base donde sus cuidadores les dan de comer. Impresiona ver tanto mono suelto.



A última hora de la tarde, ya de noche, cogí el shinkansen para Himeji.

アルベルト

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miércoles, 18 de febrero de 2009

Hiroshima-Miyajima

Hiroshima era mi siguiente parada, la más "especial" quizás por lo que todos vosotros ya sabeis. Todo en la ciudad es nuevo, bueno realmente como casi todo en Japón. De hecho, ahora que lo pienso, no estoy viendo casi diferencias entre las ciudades. Cambia el paisaje pero tanto las calles, como las estaciones de tren, como los comercios, todo parece calcado en cada una de las poblaciones.

Bueno, volvamos a Hiroshima. El lugar a visitar es sin duda el Parque Memorial de la Paz. En él han construido el Museo Memorial de la Paz que recuerda la penosa efemérides del día en que se lanzó una bomba atómica contra objetivo humano. Eran las 8.15 de la mañana del 6 de agosto de 1945 cuando el Enola Gay dejó caer la bomba (llamada little boy) tal y como estaba previsto desde hacía meses. De hecho, durante la guerra, Hiroshima era una de las ciudades que se salvaban de los contínuos bombardeos de la armada americana y, paradojas de la vida, lo era por ser una de las ciudades candidatas, junto a otras tres, a recibir la fatídica bomba. El 9 de agosto le tocó el turno a Nagasaki.

El museo es de aquellos que no puede dejarte indiferente. Me recuerda mucho a la vez que visité el museo de Ana Frank en Amsterdam. Las miserias de las guerras pasadas le hacen darse cuenta a uno de lo afortunado que es de no vivir situaciones como esas.

En el epicentro de la explosión, hablamos de un radio de 2km aproximadamente, no hubo posibilidad de supervivencia alguna. Más allá de esa distancia, la temperatura alcanzó los 3-4.000ºC a parte, claro está, de los efectos de la onda expansiva, de la radiación, etc. La nube-champiñón que formó el impacto llegó a los 12.000m de altura (algo más de la altura que alcanzan los aviones transcontinentales para que os hagáis una idea). La cifra de fallecidos rondó los 140.000 ya fuera en el momento de la explosión como en los sucesivos días o meses.

El parque además del museo alberga el pebetero donde prende una llama en memoria de los fallecidos y donde cada año desde 1947 se celebra una ceremonia en su recuerdo. Hiroshima se define como ciudad de la paz y con ello quiere lograr que se consiga que el desarmamento nuclear sea un hecho lo más pronto posible. Cada vez que un país realiza una prueba nuclear, el alcalde de la ciudad protesta al embajador del país correspondiente para que quede constancia del malestar de la ciudad.

Tras la visita de Hiroshima, me dirigí en tren y en ferry hasta la isla de Miyajima, lugar famoso en Japón por contar con la puerta y el templo Itsukushima que es considerada una de las tres imágenes más bellas del país. Por cierto, que hacía tiempo que no lo decía.... es patrimonio de la humanidad.

Aquí me alojé en el ryokan Kinsuikan de más categoría de lo habitual en el viaje pero que valió la pena y mucho!!

En la recepción me atendió el Sr. Mori (el señor Bosque) que para mi sorpresa hablaba español. Estuvo viviendo cinco años entre Madrid y Salamanca y supongo que por este vínculo se desvivió en ofrecerme la mejor de las atenciones. Lo mejor, sin duda, fue la restauración (reservé media pensión). Tanto la cena como el desayuno eran menús de degustación compuestos por productos locales y de la región, entre ellos las ostras (realizan una fiesta anual dedicada a este producto).

La tarde la pasé haciendo lo que hacía todo el mundo: fotos, fotos y más fotos de la puerta (la verdad es que es muy fotogénica!)

La isla es lugar para hacer pequeñas excursiones por la montaña y el souvenir más característico es una pala de arroz (vamos, una cuchara). En la calle principal tienen expuesta la más grande del mundo como ostentación del récord mundial.

アルベルト

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martes, 17 de febrero de 2009

Osaka

La tranquilidad y paz que ofrecía Koyasan se rompieron en el momento en el que puse el pie en Osaka. Creo que es la segunda ciudad del Japón por número de habitantes (la zona metropolitana tiene alrededor de 15 millones) y el ritmo, como podeis imaginar, es otro. Osaka me ha recordado mucho al Tokyo que conocí hace 15 años por la magnitud de sus calles y la construcción a lo alto.

Llegué a Osaka sobre la hora de comer y me fui directo al hotel. Aunque no era todavía la hora del check-in me dieron la habitación (buenas vistas). Era el primer hotel estilo occidental en el que me alojaba hasta ahora y, la verdad, tener una mesa y una silla se agradece y mucho (mi espalda no está acostumbrada a tanto seiza). Cogí el metro y me dirigí a la oficina de información turística. Me atendieron muy bien y compré un pase de dos días para utilizar el transporte público de la ciudad que incluía además la entrada gratuita a la mayoría de los lugares a visitar (vaya, que valió la pena la compra).

Después de picar algo de comer me dió por ir a visitar el Kaiyukan o lo que es lo mismo, el aquarium de la ciudad, está bien pero pensaba que sería más espectacular (el de Valencia es mucho mejor, nada que envidiar!). Ya de noche volví al centro para callejear y situarme.

La mañana del lunes amaneció con unas inquietantes nubes que, afortunadamente, sólo dejaron ir unas gotas de lluvia a primera hora dando paso a un dia radiante de sol (cómo se agradece!!). Lo primero que hice fui ir a ver el castillo de Osaka que, en principio, es la máxima atracción de la ciudad. Se visita rápido, sobretodo cuando no tienes ni idea de la historia nipona y también porque tenía mucho parecido al que ya visité en Nagoya. Unas fotos desde el último piso de la panorámica de la ciudad y para el siguiente punto del día.

Para aprovechar los cupones de entrada gratuita, y al ser lunes que, como en nuestro caso, muchos museos cierran, fui a buscar el embarcadero de un barco que hace un recorrido de una hora por el río Okawa. Es otra manera de ver la ciudad aunque no valga mucho la pena lo que se ve.
Después de comer (por cierto, comida china, muy buena y picante!!) volví a la parte de la bahía de Osaka donde había estado el día anterior. Allí me esperaba la Santa María una, vamos a decir, réplica de la carabela de Colón. Este barco hace lo propio que su homólogo del río pero el paseo se hace por la zona portuaria. Se ve la zona de carga, el WTC de la ciudad, el parque de atracciones de Universal Studios y hasta un Ikea!!

Regresé al centro de nuevo y pasé la tarde en algo parecido a Caldea pero, claro, a lo grande. Debían estar en promoción o algo porque la entrada normalmente es más cara y me salió más o menos por unos 8 euros.

Relajadito de tanto baño caliente, saunas, etc. acabé de dar unas vueltas por las calles de Osaka y después de cenar fui a ver la última atracción del día. Dios mío, tardaré en olvidarla!! Se trata del edificio Umeda Sky Building que en su parte superior cuenta con un mirador que le llaman Floating Garden, los cinéfilos seguidores del blog seguro que lo conocen porque recuerdo de haberlo visto en alguna película de acción tipo 007 o similar (son dos torres que se juntan por arriba en una estructura que a su vez hace de mirador de 360º de la ciudad). Se accede por un ascensor panorámico y exterior (alguno de vosotros ya lo sabéis pero... tengo vértigo!!). Por la fotos de la recepción ya me parecía que lo pasaría mal pero.... uf! Al subir estaba con una pareja de Taiwan que me empezó a preguntar lo típico, que de dónde era, qué hacía en Osaka, etc y yo blanco como la leche casi sin poder casi ni hablar. Pero las emociones no acababan ahí, no!! Desde el piso, creo que era 35, había que coger unas escaleras mecánicas que atravesaban de un edificio a otro también por fuera. Aquí ya no sabía si ponerme a llorar directamente. Me armé de valor y, con los ojos cerrados, cogí la escalera (qué minuto más largo, por dios!). Por fin, cuando llegas al mirador que tiene tres plantas (una de tienda de recuerdos, otra de mirador acristalado y otra, la superior, de mirador abierto al que, por supuesto, no subí). Hice fotos de recuerdo y tras armarme de valor no me quedó más remedio que regresar por el mismo camino (ojos cerrados y repitiéndome cada tres segundos: no pasa nada, no pasa nada, todo está bien).

Eran casi las diez de la noche cuando abandonaba el mirador (para siempre y nunca más, claro!) y todavía había riadas de personas que salían de trabajar y se dirigían al metro y a sus casas. La zona donde está este edificio es un lugar de oficinas en el que además se sigue construyendo. Pude ver las típicas escenas de los sararimen (ejecutiv@s) que despiden al jefe que regresa a su casa en coche y con chófer haciendo las típicas reverencias pero, éstas, de 90º y como unas veinte en medio minuto!!

Naturalmente después de la emoción de la noche dormí plano.

アルベルト

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Acerca del blog

Un mes en Zipango es un blog sobre mi viaje a Japón en el que compartiré con vosotros mis vivencias diarias con la cultura y gente del país. Espero hacerlo lo más entretenido y ameno posible :-)

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