martes, 17 de febrero de 2009

Osaka

La tranquilidad y paz que ofrecía Koyasan se rompieron en el momento en el que puse el pie en Osaka. Creo que es la segunda ciudad del Japón por número de habitantes (la zona metropolitana tiene alrededor de 15 millones) y el ritmo, como podeis imaginar, es otro. Osaka me ha recordado mucho al Tokyo que conocí hace 15 años por la magnitud de sus calles y la construcción a lo alto.

Llegué a Osaka sobre la hora de comer y me fui directo al hotel. Aunque no era todavía la hora del check-in me dieron la habitación (buenas vistas). Era el primer hotel estilo occidental en el que me alojaba hasta ahora y, la verdad, tener una mesa y una silla se agradece y mucho (mi espalda no está acostumbrada a tanto seiza). Cogí el metro y me dirigí a la oficina de información turística. Me atendieron muy bien y compré un pase de dos días para utilizar el transporte público de la ciudad que incluía además la entrada gratuita a la mayoría de los lugares a visitar (vaya, que valió la pena la compra).

Después de picar algo de comer me dió por ir a visitar el Kaiyukan o lo que es lo mismo, el aquarium de la ciudad, está bien pero pensaba que sería más espectacular (el de Valencia es mucho mejor, nada que envidiar!). Ya de noche volví al centro para callejear y situarme.

La mañana del lunes amaneció con unas inquietantes nubes que, afortunadamente, sólo dejaron ir unas gotas de lluvia a primera hora dando paso a un dia radiante de sol (cómo se agradece!!). Lo primero que hice fui ir a ver el castillo de Osaka que, en principio, es la máxima atracción de la ciudad. Se visita rápido, sobretodo cuando no tienes ni idea de la historia nipona y también porque tenía mucho parecido al que ya visité en Nagoya. Unas fotos desde el último piso de la panorámica de la ciudad y para el siguiente punto del día.

Para aprovechar los cupones de entrada gratuita, y al ser lunes que, como en nuestro caso, muchos museos cierran, fui a buscar el embarcadero de un barco que hace un recorrido de una hora por el río Okawa. Es otra manera de ver la ciudad aunque no valga mucho la pena lo que se ve.
Después de comer (por cierto, comida china, muy buena y picante!!) volví a la parte de la bahía de Osaka donde había estado el día anterior. Allí me esperaba la Santa María una, vamos a decir, réplica de la carabela de Colón. Este barco hace lo propio que su homólogo del río pero el paseo se hace por la zona portuaria. Se ve la zona de carga, el WTC de la ciudad, el parque de atracciones de Universal Studios y hasta un Ikea!!

Regresé al centro de nuevo y pasé la tarde en algo parecido a Caldea pero, claro, a lo grande. Debían estar en promoción o algo porque la entrada normalmente es más cara y me salió más o menos por unos 8 euros.

Relajadito de tanto baño caliente, saunas, etc. acabé de dar unas vueltas por las calles de Osaka y después de cenar fui a ver la última atracción del día. Dios mío, tardaré en olvidarla!! Se trata del edificio Umeda Sky Building que en su parte superior cuenta con un mirador que le llaman Floating Garden, los cinéfilos seguidores del blog seguro que lo conocen porque recuerdo de haberlo visto en alguna película de acción tipo 007 o similar (son dos torres que se juntan por arriba en una estructura que a su vez hace de mirador de 360º de la ciudad). Se accede por un ascensor panorámico y exterior (alguno de vosotros ya lo sabéis pero... tengo vértigo!!). Por la fotos de la recepción ya me parecía que lo pasaría mal pero.... uf! Al subir estaba con una pareja de Taiwan que me empezó a preguntar lo típico, que de dónde era, qué hacía en Osaka, etc y yo blanco como la leche casi sin poder casi ni hablar. Pero las emociones no acababan ahí, no!! Desde el piso, creo que era 35, había que coger unas escaleras mecánicas que atravesaban de un edificio a otro también por fuera. Aquí ya no sabía si ponerme a llorar directamente. Me armé de valor y, con los ojos cerrados, cogí la escalera (qué minuto más largo, por dios!). Por fin, cuando llegas al mirador que tiene tres plantas (una de tienda de recuerdos, otra de mirador acristalado y otra, la superior, de mirador abierto al que, por supuesto, no subí). Hice fotos de recuerdo y tras armarme de valor no me quedó más remedio que regresar por el mismo camino (ojos cerrados y repitiéndome cada tres segundos: no pasa nada, no pasa nada, todo está bien).

Eran casi las diez de la noche cuando abandonaba el mirador (para siempre y nunca más, claro!) y todavía había riadas de personas que salían de trabajar y se dirigían al metro y a sus casas. La zona donde está este edificio es un lugar de oficinas en el que además se sigue construyendo. Pude ver las típicas escenas de los sararimen (ejecutiv@s) que despiden al jefe que regresa a su casa en coche y con chófer haciendo las típicas reverencias pero, éstas, de 90º y como unas veinte en medio minuto!!

Naturalmente después de la emoción de la noche dormí plano.

アルベルト

1 comentarios:

HASU 17 de febrero de 2009 a las 14:10  

Pelín demacrado... pelo en punta... ojos saltones... la verdad es que sí que tienes cara de acojonaillo... nada que no se cure con un poquillo de sake... ¿no?

Acerca del blog

Un mes en Zipango es un blog sobre mi viaje a Japón en el que compartiré con vosotros mis vivencias diarias con la cultura y gente del país. Espero hacerlo lo más entretenido y ameno posible :-)

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